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lunes, 15 de enero de 2018

¿Impuesto de los refrescos en el Estado de Washington?

Impuesto de las bebidas azucaradas

A principios de año entró en vigor el impuesto de los refrescos en Seattle, ciudad estadounidense del Estado de Washington que se convirtió en la séptima ciudad de este país en introducir esta medida. Pues bien, quizá la entrada en vigor del gravamen en la ciudad puede ser el argumento por el que el Estado de Washington haya decidido recuperar y reintroducir la Propuesta de Ley Estatal HB 1975 presentada en febrero del año pasado, con el cometido de introducir un impuesto de los refrescos muy similar al de Seattle.

El impuesto de los refrescos en el Estado de Washington pretende gravar con dos centavos cada onza líquida (29 mililitros) de refresco o bebida azucarada, siendo un gravamen más elevado que el introducido en Seattle, que carga 1’75 centavos por onza líquida. Además, se pretende que el impuesto lo paguen los distribuidores, aunque es probable que éstos lo trasladen a los consumidores de forma parcial o en su totalidad. Como ya explicábamos aquí, en el presente año el impuesto del azúcar o impuesto de los refrescos tendrá un especial protagonismo, como ya lo tuvo en 2016 y 2017, tan sólo han pasado dos semanas del inicio de 2018 y ya hemos conocido tres noticias relacionadas con el gravamen.

La Propuesta de Ley Estatal HB 1975 gravará los refrescos, bebidas con azúcares añadidos y bebidas dietéticas, se librarán del impuesto los jugos de frutas y verduras 100% naturales, las bebidas con base de leche como ingrediente principal, las bebidas para uso sanitario, las bebidas de reemplazo de comidas, las fórmulas infantiles, los jarabes y bebidas alcohólicas. En el documento de la propuesta se determina que el 50% del dinero recaudado con el impuesto se destinaría a una cuenta suplementaria para los gastos sanitarios, y el 50% restante se ingresarían en un fondo fiduciario para la educación. Parece que con ello se quiere dejar claro que el dinero no serviría para engrosar las arcas del estado u otras cuestiones que no estén relacionadas con la salud de los consumidores.

Como en el caso de Seattle, en la propuesta se incluye un proyecto de investigación que realice un seguimiento para respaldar la efectividad del gravamen. En el texto del Proyecto de Ley se apunta que los estadounidenses están tres veces más expuestos a las bebidas azucaradas que hace 60 años, en la actualidad el consumo per cápita es muy elevado, supera los 151 litros anuales. En el caso del Estado de Washington y según el estudio del Proyecto de Ley, lo habitantes consumen una media de 83 litros de refrescos azucarados por año, un consumo que pone en mayor riesgo a niños y adultos de desarrollar diferentes enfermedades crónicas, como la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardíacas, etc.

Impuesto de los refrescos en Estados Unidos

Claro, que viendo la media nacional, se puede decir que en Washington el consumo de bebidas azucaradas es mucho más bajo que en otros Estados del país, pero los legisladores quieren que se reduzca significativamente, ya que con ello se mejorará la salud de la población y se reducirá significativamente el gasto sanitario. Muchos expertos y nutricionistas consideran que el impuesto de los refrescos es una medida eficaz para reducir el consumo, al menos así se desprende de los resultados iniciales que se han obtenido de las ciudades en las que se ha introducido, un ejemplo es Berkeley.

La Propuesta de Ley Estatal HB 1975, de la que podéis conocer aquí (Pdf) más detalles, se presentó el pasado 6 de febrero de 2017 y en el mes de abril quedó suspendida, quizá porque se tenía constancia de la presentación del Proyecto de Ley del impuesto de las bebidas azucaradas en Seattle y se esperaba a ver si se aprobaba. Aquí comentan que Seattle podría ser sólo el comienzo, si la medida se aprueba en Washington, es muy posible que otros Estados secunden el ejemplo.

De momento, la industria de los refrescos no se ha pronunciado, pero seguramente no tardaremos en conocer noticias, aunque es probable que vuelvan a presentar los argumentos de siempre, que el impuesto no funciona, que las personas con menor poder adquisitivo serán los más afectados, que el impuesto podría pasar factura al empleo, etc.

Foto 1 | shaneblog
Foto 2 | Scott McLeod

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