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viernes, 26 de febrero de 2016

La reducción de consumo de carne va muy lenta

Día sin carne

Durante los últimos años se han dado a conocer varios informes en los que se habla sobre la necesidad de reducir el consumo de carne, se apunta que es necesario un cambio en la dieta debido al cambio climático. Según los últimos informes, el sector ganadero contribuye en el 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero, el equivalente a las emisiones generadas por todos los vehículos del mundo. Los expertos han explicado que una reducción del consumo de carne podría reducir hasta en un 25% las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que ayudaría a evitar que el aumento de las temperaturas a nivel mundial superase los 2º C.

Se ha explicado por qué la carne es el alimento menos eficiente para alimentar a la humanidad, es un alimento que consume muchos recursos, agua, tierra, energía, etc., según los datos facilitados por la FAO, un 40% de los alimentos que se cultivan en el planeta son destinados a la alimentación animal y según los pronósticos, en las próximas dos décadas esta cifra alcanzará el 60%, algo lógico, ya que la demanda de carne crece año tras año.

Hace unos meses la OMS consideró la carne roja procesada como alimento cancerígeno, y la carne roja fresca se consideró como un alimento probablemente carcinógeno para el ser humano. Varios expertos han advertido que se trata de un alimento clave en el aumento de las enfermedades no transmisibles como el cáncer, la diabetes tipo 2, la obesidad, etc. Se han llevado a cabo todo tipo de iniciativas para intentar reducir el consumo de carne en la población, como por ejemplo la promoción del Lunes sin carne.

Reconocidos chefs como Mario Batali o José Andrés se han implicado en esta tarea siguiendo el Lunes sin carne o abriendo establecimientos que ofrecen alimentos vegetales. Se pueden citar muchas iniciativas llevadas a cabo por parte de ecologistas, defensores del bienestar animal, organizaciones de consumidores, especialistas en salud, etc., que tienen como cometido intentar que la población consuma menos carne. A pesar de toda la información vertida, de las iniciativas que se llevan a cabo y de que incluso se clasifica a la carne como alimento carcinógeno o probablemente cancerígeno, la reducción de consumo de carne va muy lenta, no existe una clara señal del rechazo de la carne a nivel internacional, incluso se pronostica un aumento de su consumo, especialmente debido a las nuevas clases medias de los países emergentes.

Tomando como referencia Estados Unidos, uno de los países del mundo con un mayor consumo de carne per cápita, se aprecia que la reducción es muy lenta y probablemente sirve de poco, ya que el incremento del consumo en los países emergentes es rápida y elevada. En el año 2012, en una encuesta en la que participaron 3.000 consumidores estadounidenses, se concluyó que un 56% de los encuestados comía carne de 1 a 4 veces por semana, el 31% comía 5 o más veces carne por semana. Un 39% de los encuestados aseguraron que consumían menos carne que hace tres años, las razones argumentadas eran la preocupación por los efectos que tenía el consumo de carne en la salud y el precio, el cambio climático no se mencionó. Un 8’6% declaró que durante la semana no consumían carne.

En el año 2015 Truven Salud Analytics volvió a realizar la misma encuesta a un mismo número de personas para comprobar si la situación había cambiado, pero con una pregunta más, ¿la información dada a conocer por la OMS sobre la carne ha hecho cambiar sus hábitos alimenticios? Parece ser que influyó en su momento, ya que un 30% de los encuestados contestaron que sí, pero a medida que se profundizaba en los datos, se pudo constatar que los cambios de hábitos han sido muy sutiles.

Según los resultados obtenidos, un 7’4% de los encuestados no come carne, si comprarmos con los datos de la encuesta del año 2012 vemos que son casi iguales. El 51% de los encuestados manifestó que comía carne de 1 a 4 veces por semana, un 38% declaró que comía carne 5 o más veces por semana, y un 32% declaró que consumía menos carne que hace tres años, como vemos, la reducción es de un 7% en comparación con los datos del 2012. Como conclusión se observa que los hábitos en el consumo de carne en Estados Unidos apenas han cambiado, lo que podría probar que toda la información que se vierte y las iniciativas que se llevan a cabo para intentar reducir el consumo de carne, no tienen el efecto esperado y no influye en los hábitos de consumo.

Según leemos aquí, expertos de la Universidad Johns Hopkins comentan que aunque los cambios son muy sutiles, el engranaje está en marcha y los cambios en los hábitos de consumo se están produciendo, hay que tener en cuenta que Estados Unidos tiene un elevado consumo de carne per cápita, cifrado en unos 22 kilos. Cada vez más consumidores aseguran que comen menos carne y otros que tienen intención de reducir el consumo, por otro lado se constata un incremento del consumo de verduras. A esto hay que añadir que los expertos explican que los estadounidenses tienen tendencia a experimentar con las dietas antes de cambiar de opinión, esto quiere decir que en principio es bastante complicado concretar el cambio de los hábitos alimenticios de los estadounidenses.

Se puede decir que se tiene esperanza en el cambio de dieta y en la reducción del consumo de carne, pero como decíamos, otros países van a tomar el testigo en el índice de consumo de carne, por lo que no va a servir de mucho la reducción si esta no se lleva a cabo también en los países de economías emergentes. En el caso de nuestro país, tras el anuncio de la OMS, este estudio del Barómetro del Comprador de IRI mostraba que las ventas en valor de las carnes procesadas se redujeron un 9% desde el 26 de octubre hasta el 27 de diciembre en hipermercados y supermercados con más de 100 m2. Los últimos datos de finales de enero muestran que la caída se ha reducido en un 8% y parece que está remontando el volumen de ventas.

Otro dato que merece la pena destacar, es que a pesar de la alerta emitida por la OMS, un 87% de los compradores encuestados en el Barómetro aseguraba que no había modificado sus hábitos de consumo en relación a la carne roja y procesada. En definitiva, parece que el mensaje con todo tipo de argumentos para reducir el consumo de carne no termina de calar.

Foto | BrownGuacamole

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